Pensá
en una serie de Hollywood.
La
que quieras: tu favorita, o la que juzgues más original y peculiar.
Bien.
Ahora, vayamos a Black Mirror,
y juguemos a explicar por qué es una rareza dentro del panorama actual de
series. El show creado por Charlie Brooker seguramente es diferente a todo lo
que ves por la diferencia original: estamos ante una serie británica, y el país
de origen implica mucho en un show televisivo. Implica otra concepción
artística, otra cultura, otro timming, otro tipo de producción, otra idea de lo que debe ser
un programa. Por eso, seguramente, entre la serie que pensaste y black mirror haya un sinfín de diferencias
justificadas por las peculiaridades que el show británico tiene y puede permitirse
tener… justamente por ser británico.
Veamos.
¿Cuántos
capítulos tiene una temporada sola del show que pensaste? Seguramente ronden
entre diez a trece capítulos, que son los que Black Mirror tiene si sumamos todos los
episodios de sus tres temporadas. Eso se debe a que el show de Brooker prefiere
calidad a cantidad, y no tiene la presión apabullantemente consumista de
Hollywood. El público británico sabe esperar. Los productores británicos saben
esperar. Y por eso la primera temporada del show tuvo sólo tres capítulos,
estrenados en 2011, mientras que la segunda repitió esa cifra en 2013, y
mientras que 2014 solo tuvo un capítulo especial de la serie. Y debieron pasar
dos años para que, en 2016, Black Mirror
volviera con su temporada más larga: seis episodios. En total, trece capítulos:
los mismos que House of Cards, 13 reasons why
o The OA presentan
en una temporada.
Y
siguiendo con las peculiaridades de la serie, seguramente te cueste encontrar
en los shows que viste últimamente uno que sea unitario. Con capítulos que
inician y cierran en sí mismos, historias nuevas en cada episodio, y elencos
rotativos, Black Mirror
se diferencia de la mayoría de las series actuales. Aquí no hay chances de
finales que te atrapen para el próximo capítulo, no hay cliffhangers, ni
encariñamiento con los personajes que valga… Black Mirror se reinicia siempre cuando
termina, y se pone la meta de conquistarte nuevamente con cada episodio. A
veces funciona más, a veces menos, y a veces no funciona… Pero la apuesta está,
y solamente hay un hilo conductor en la serie: la tecnología.
Otra
peculiaridad de Black Mirror
es su tono. Es una serie netamente agridulce, amargada y nihilista. No triste
como 13 reasons why,
sino amargada. No nihilista desde el shock como Game of Thrones, sino amargada. Black Mirror nos trae siempre historias
que no son cotidianas pero que sabemos que no están lejos de que puedan
pasarnos de acá a cinco años. Y esa falsa distancia entre lo habitual y lo
posible nos permite juzgar críticamente como preocupante y oscuro el futuro y
las tecnologías de él. Lo que amarga en el show es saber que esa distopía, eso
que vemos en pantalla, es el porvenir al que vamos, y que habitualmente, en el
presente, nos parece natural y no nos preocupa. Pero más allá de la crítica,
cada episodio de Black Mirror
termina de la manera más nihilista posible, a millas de distancia del happy ending
hollywoodense, o de los shocking ending. Acá siempre hay un
plus y una vuelta extra a la amargura, casi con regodeo.
Aquí,
elegimos nuestros cinco capítulos preferidos del show:
El
Himno Nacional
Temporada
1, Capítulo 1
El
primer episodio, y que nos tuvo al borde del asiento de principio a fin. De los
más contundentes, quizás porque aquí Black Mirror
era en sí mismo una intriga, y no sabíamos su tono, su temática o a lo que nos
enfrentábamos. Escrito por el propio Brooker, contaba la historia del Primer
Ministro británico al enterarse que la duquesa de Beaumont había sido
secuestrada. Y que el rescate que se debía pagar para liberarla no era dinero,
sino… otra cosa. El Primer Ministro debía tener relaciones con un cerdo y ser
transmitido en directo en la televisión. La originalidad, el suspenso y el
desenlace del episodio lo coloca entre los mejores capítulos de la serie.
San Junípero
Temporada 3, Capítulo 4
La
tercera temporada nos regaló el episodio más perfecto audiovisualmente, que le
hizo sombra al maravilloso el himno nacional.
Escrito por Charlie Brooker, y con Mackenzie Davis y Gugu Mbatha Raw en los
papeles de Yorkie y Kelly, la historia planteaba una tecnología que permitía
una vida después de la muerte. Yorkie y Kelly se conocían y se enamoraban en
San Junípero, esa realidad paralela a la que los vivos pueden
acceder por unas horas para probar, y a la que
se puede acceder definitivamente al morir. Yorkie quiere que la pasen a San
Junípero para siempre, mientras que Kelly quiere morir y no ser conectada allí.
Emocionante y crudo, el episodio San Junípero
interpela al espectador como pocos: ¿Querríamos ser inmortales? ¿Querríamos vivir
en un sistema paralelo y tecnológico, pero que tiene bastante de irreal?
Complementan el relato un sólido guión, una potente, tierna y honesta historia
de amor homosexual, y la sólida dirección de Owen Harris.
Toda tu historia
Temporada 1, Capítulo 3
Protagonizada
por Tobby Kebbell y Jodie Withaker, somos bienvenidos aquí a un futuro donde un
aparato en nuestro oído nos permite grabar, ver y oír toda nuestra vida. Suena
tentador… pero es la puerta de entrada a la paranoia, sobre todo para el
protagonista que empieza a ver recuerdos y sospechar que su esposa lo engaña, y
que quizás su hija no sea su hija. El dispositivo vuelve monstruoso al
protagonista y a la pareja, que rebobinan sus memorias para ver quien tenía
razón en una discusión, y que reproducen en su cabeza viejas relaciones
sexuales mientras tienen sexo sin mucha pasión. El episodio es una mezcla de Blue Valentine con la tecnología, y
gradualmente nos lleva a un final nihilista, reflexivo y deprimente como pocos.
Oso Blanco
Temporada 2, Capítulo 2
Nuevamente
con un guion de Charlie Brooker, el episodio no recae tanto en la tecnología
como protagonista o como excusa, sino como un elemento que aparece, cumple una
función puntual, y queda atrás. De hecho, si te lo preguntamos rápido: ¿Cuál
era el elemento tecnológico en Oso Blanco?
Puede que no lo recuerdes, pero sí te acordarás que el episodio es una suerte
de adaptación del concepto cadena perpetua
y vuelto parque de diversiones. Hay una mujer que despierta –sin recordar por
qué- en un cuarto, y se descubre filmada por todos los que la rodean, mientras
que hay cazadores que la persiguen y parecen querer asesinarla. El episodio es
ágil, entretenido e intrigante, pero el punto en el que definitivamente se
resignifica y se vuelve excelente es cuando el misterio sobre la mujer, la niña
que recuerda y el oso blanco se revela. Protagonizado por
Lenora Chrichlow y Michael Stanley, y dirigido por Carl Tibbetts.
Odio Nacional
Temporada 3, Capítulo 6
James
Hawes dirige uno de los episodios más extensos de Black Mirror, de ochenta y nueve minutos
de duración. Se trata del último capítulo de la serie que hemos tenido, hasta que
(¿este año?) se estrene la cuarta temporada. En una sintonía crítica de los
medios que la emparenta con el himno nacional
y caída en picada
(protagonizada por Bryce Dallas Howard), el episodio es un thriller sobre un
detective que investiga homicidios de gente famosa en redes sociales. Con su
ritmo, sin prisa pero sin pausa, odio nacional
nos presenta un asesino que ejecuta la muerte de la persona que las redes más
odian. Así, hay famosos en peligro, periodistas, artistas, maestros, políticos…
Y un gran público que elige, como si fuera el César.





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