En un cine que día a día va más a lo seguro, a la secuela del spin off de la segunda trilogía, a la saga interminable o la remake innecesaria, la irrupción de ciertos films son una gota de aire fresco que llega para mantener vivo al cine como arte. Son películas que apuestan a algo distinto, con mayor o menor riesgo, y mayor o menor suerte. Pero películas que tienen a directores cuya personalidad y universo serán aprovechados por el cine blockbuster. Como cuando algunos descubrieron a Nolan por Batman, sin saber que antes estuvo la brillante Memento. O cuando algunos descubrieron a Peter Jackson por El señor de los anillos, sin antes haber visto Criaturas celestiales. En esa línea, si bien probablemente Colossal no llegue al próximo fin de semana en la cartelera, su director Nacho Vigalondo sí llegará a nuevos contratos y nuevos adeptos a su cine, cuando lo vean en algún tanque de Hollywood.
Colossal es una película que puede tomarte con la guardia baja, y sorprenderte por su rareza. Comienza como una película de monstruos para, en la escena siguiente, volverse un drama sobre una mujer alcohólica que es dejada por su pareja. Y luego, cuando parece encaminarse para ser un film sobre un enfermo en rehabilitación, la senda de los monstruos reaparece... pero desde el humor.
El film de Nacho Vigalondo transita siempre entre muchos géneros, y lo más inteligente que hace en sus dos horas es no encerrarse en uno. Al quedar en esa incertidumbre y en esa mezcla, Colossal se vuelve indefinible y esa rareza la beneficia en atracción. El film es un poco tan pastiche como el bar de Oscar, el personaje de Sudelkis en la película. Pero la complejidad de su género es lo que lo eleva, y lo que le permite expandirse hasta donde él mismo se lo permite. Y, por suerte, Vigalondo arriesga, prueba ir un poco más, se sabe victorioso y se envalentona para llevarnos a una nueva genialidad y seguir estirando de la cuerda hasta donde la imaginación le es posible. El que gana es el espectador y el cine, que asisten a una producción compleja, inteligente, graciosa, perturbadora, con algo de tanque de Hollywood, y con mucho de arte. Todo eso junto a la vez, y cumplido con creces.
Lo mejor que tiene Colossal es su capacidad de sorprender, y de siempre duplicar la apuesta. Vigalondo sabe de climas, de crear tensiones a la vez que hace reír, y de transitar lo bizarro constantemente desde el límite, para volverlo genial. Hay que ver lo que consigue realizar con la escena del “gran fuego artificial”: cómo solamente allí pasa de la tensión al humor ácido, al gran espectáculo para terminar con una sensación completamente agridulce, y compasiva por la protagonista. Sólo por esa escena, el film ya hubiera valido su entrada. Pero por suerte hay más, mucho más.
Lo que sí sería extraño es que Colossal llegue al próximo fin de semana aún en cines. Es que puede espantar espectadores con lo absurdo de su trama si solo se lee la sinopsis y no la crítica. Y además de ello, se suma lo poco difundido que estuvo el film, y el compartir su semana de estreno con Mujer Maravilla. Así que si se quiere ver en pantalla grande ésta interesantísima propuesta cinematográfica, como las que ya casi no abundan en nuestra cartelera, es el momento de hacerlo. El riesgo vale la pena. Conocerán al gran director Nacho Vigalondo antes que Hollywood lo ponga en una vidriera, y verán a una Anne Hathaway que, sin tanta prensa, es la verdadera mujer maravilla de la cartelera.

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