Huye y las puertas de un género que quiere quedarse.
El cine de terror está en un gran momento. De la
mano de films como no respires, it follows, miedo profundo, raw
o the
neon demon el género ha salido del lugar común y del target netamente
comercial para acercarse a una fusión entre el cine como negocio y como evento
artístico. Se ha abandonado el camino del terror fácil, del golpe de sonido, de
la aparición repentina del monstruo, y del susto entendido como shock momentáneo,
para pasar a una instancia distinta. La del terror psicológico, más próximo y
cotidiano, y el miedo no como algo fugaz, sino como una herencia perturbadora.
En esa misma senda es que se inscribe huye,
la ópera prima de Jordan Peele que estrenó éste jueves, y que asusta más a fuego lento
que por volumen alto. La película trata sobre un joven afroamericano que está
en pareja con una chica blanca, y del viaje que realizan para conocer a los
padres de ella. Al llegar no parece haber problemas. Los suegros son amables
con él, y no parecen tener (muchos) prejuicios raciales. Pero las cosas empiezan
a ponerse cada vez más extrañas por cómo actúa el personal de la casa… que es
gente de color. Y más cuando aparecen los vecinos y amigos
de la familia…
El terror está ahí, en esta suma de cosas extrañas
que, sin llegar a ser individualmente terroríficas, se vuelven perturbadoras en
su conjunto. El personal de la casa, que parece mirar extraviado. La madre de la
chica, que practica hipnotismo. Los vecinos y amigos que actúan extraño, hablan
extraño, y miran extraño al recién llegado. El miedo son los otros, esa
sociedad entre aterrorizada y fascinada por ese joven afroamericano; esos
vecinos que –más o menos alienados o racistas- podrían estar en cualquier lugar
del mundo, sobre todo en una época tan trumpista…
Jordan Peele crea un universo de asfixiante y
creciente tensión en el que todo puede estallar de un momento a otro. Sus
criaturas y sus atmósferas enrarecidas parecen claramente influenciadas por el
cine de David Lynch; y casi que podríamos decir que Peele es una suerte de heredero
en formación del director de Twin Peaks, Mulholland drive e imperio.
Le faltan sellos propios aún, sí, pero hay pistas de su talento. En huye el
terror está en lo cotidiano y en lo posible. En el tono de las brillantes actuaciones.
En lo imprevisible de ese guion que no subestima al espectador, y que confía en
su inteligencia. Quizás lo mejor del film pasa más por cómo se va cargando la
historia que por la recta final de la película, donde todo es más evidente y
explicativo. Allí hay alguna música que resulta excesiva, alguna toma y
personaje que se vuelve algo caricaturesco. Sin embargo, eso no opaca todo lo
anterior, y el espectador saldrá del cine perturbado por lo que vio, y
esperanzado por un género que empieza a tener cada vez más y más exponentes de
una renovación que tiende a la inteligencia y a lo artístico.

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