Cuando una película es perfecta de principio a
fin, resulta difícil elegir una sola escena memorable que la conmemore como es
debido. Y el laberinto del fauno lo es, y es por lejos el punto más alto
en la carrera de Guillermo del Toro. La historia, la visual, los climas, el
soundtrack, la temática, la puesta en escena, las actuaciones: todo está al
servicio de la construcción de una de esas joyas que el cine, muy de tanto en
tanto, nos regala. La película arriesgaba ya desde su concepto: mezclar la
guerra civil española con un cuento de hadas y faunos. Y la apuesta fue
cumplida por creces gracias al talento de Del Toro.
El laberinto del fauno nos presentaba la historia de Ofelia, una niña
que descubre que puede llegar a ser hija de un poderoso rey de un mundo
fantástico y que, para volver a ese universo paralelo, debe atravesar una serie
de pruebas. Todo esto mientras, en el mundo
real, su madre está embarazada de su actual pareja, un despiadado capitán
de la Policía Armada en plena Guerra civil española que combate a los grupos
subversivos que quedan.
El crescendo de la película es perfecto, como
perfecto es también el desenlace, en el que se mezclan las realidades de los
dos mundos que presenta el film. La última escena que presentamos es el final
de la película, así que, quienes no desean verla, pasen de largo por ella.
Ya desde el inicio, el espectador era tomado
por la narrativa y la visual del film. Había intriga y una historia de la que,
inmediatamente, uno quería ver cinco minutos más.
2. El sadismo del franquismo
El film tiene varias escenas donde el sadismo
del Capitán, interpretado inmejorablemente por Sergi Lopez, queda en evidencia.
En ésta ocasión, y para no mostrar otras más violentas, vemos la propuesta que
le hace a un tartamudo a cambio de dejarlo con vida.
3. Los Universos de Del Toro
Los universos visuales y los personajes creados
por Guillermo Del Toro son históricamente su fuerte. Ésta vez, al servicio de
una historia que funcionaba y conmovía por su propio desarrollo, trama y
narrativa, la fiesta cinematográfica de arte, vestuario, efectos y fotografía
que tan bien maneja el director no parece gratuita, sino que ayuda a crear el
potente concepto de la película. El horror y la frialdad de la guerra civil
española, contra el encanto -aunque a veces oscuro y peligroso- del mundo de
las hadas y los faunos. Aquí, dos de las pruebas que Ofelia debe atravesar para
volver al universo donde es princesa, y que son las excusa ideal para que
Guillermo del Toro muestre y demuestre.
El final es uno de los mejores que se han visto
en las últimas décadas en el cine. No es sorpresivo, no hay giros inesperados.
Sólo la reafirmación de lo que la película trataba. Ofelia muere asesinada en
el mundo real, y con su muerte derrama sangre inocente, que era la prueba final
para acceder al universo donde era princesa. Y así, se da la dualidad de que lo
que en un mundo es triste (la muerte de una niña), en el otro es motivo de
celebración y alegría (el regreso de la princesa a su padre). Cabe señalar que
el universo mágico en ésta secuencia
del film parece algo excesivo. Pero en una película que llega hasta ese punto
siendo tan maravillosa en todo nivel, se le perdona el exceso con los ojos cerrados.

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