Perdida, el film de David Fincher basado en el libro de Gillian Flynn, gira alrededor de la desaparición de Amy Dunne. Es una película sobre una mujer perdida, y una búsqueda que se vuelve causa nacional. La busca su marido, sus padres, y toda una sociedad conmovida por el caso. Conforme pasan los días, las sospechas empiezan a recaer en su esposo Nick Dunne (Ben Affleck), a quien se lo empieza a ver responsable de su desaparición.
Está comprometidísimo. Se descubre que Nick planeaba dejarla. Se revelan problemas financieros. Sale a la luz que Nick había aumentado la póliza del seguro de vida de Amy. En las pericias aparece sangre en el piso de los Dunne. Y se encuentra un diario íntimo de ella en el que Amy confiesa que tenía miedo de Nick, porque él la había golpeado. Para cerrar el manto de acusaciones sobre Nick, se revelan dos cosas: Amy estaba embarazada y él no lo sabía, y aparecen en su garaje un montón de objetos extravagantes que figuraban en la tarjeta de Nick, y que él negaba haber comprado.Sólo falta el cuerpo de Amy para comprobar que Nick la mató…
Y entonces, al promediar la hora de film, la película gira completamente. La voz en off que se escuchaba hasta allí, y que pertenecía al diario de Amy Dunne, de repente surge de otra fuente… De la propia Amy, que no está muerta, ni desaparecida, sino que ha escapado. Y no sólo eso. Ha planeado todo para que su marido quede como sospechoso, y así vengarse de él por su desamor.
La mejor escena de la película, curiosamente, es explicativa. A menudo se dice que explicar en cine es subestimar al espectador, pero el modo en que Perdida lo hace parece escapar de ésta regla. Construye la secuencia de revelación con una elegancia y una edición que el espectador no solamente no se siente subestimado, sino que disfruta haber sido engañado por Amy Dunne. La voz de Amy –con el tono grave que Rosamund Pike carga y le impone, brillantemente– explica su construcción de la trampa. Con la facilidad con que logró que Nick firmara el seguro de vida, tan solo con ponerle los papeles delante de él mientras miraba un partido en la TV. Cómo se hizo amiga de una vecina embarazada para robarle orina, con la cual fingir su test de embarazo. Cómo se sacó la sangre que desparramó por su casa, para inculpar a Nick. Cómo creó el diario íntimo, lleno de mentiras desparramadas a cuentagotas. Amy pasa de víctima a victimaria, y de misterio a personaje detestable, a la vez que admirable por su inteligencia.
David Fincher construyó un relato al que justamente le cabe ese adjetivo. Inteligente. Sin prisas por revelar demasiado, manejando sobriamente el suspenso y el timming para la administración de informaciones, su film dura más de dos horas, pero nunca se vuelve tedioso. Es el juego entre una pareja completamente quebrada que se buscan y se persiguen, como un gato y ratón, peleando por defenderse el uno del otro, anticipando jugadas, y volviéndose imposible de saber cómo acabará ésta pareja –incluso después del final de la película–.

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