En otro año, Mejor… imposible hubiera ganado a mejor película. Pero, al competir con Titanic, chocaban la simplicidad de un film con la grandilocuencia del otro. Y lo mínimo perdió contra el tanque. Pero, no obstante, la película de James L. Brooks no pasó desapercibida por la historia del cine.
Es que la simpleza de sus recursos se contrapone con la potencia de sus resultados. Mejor… imposible es un film austero, pero inteligente, de gags ingeniosos y de actuaciones para aplaudir de pie. Y al momento de elegir una escena para recordar sobre ésta película, la tarea se dificulta porque todo el film es un sinfín de momentos maravillosos uno tras el otro. ¿Con qué quedarse? ¿Con el momento en que Simon despierta en el hospital y su entorno no puede disimular lo horrible que es su nuevo rostro, completamente lastimado? ¿O cuando Melvin y el perro –Verdell- pasean por la calle y ambos van saltando las líneas de la calle? ¿O el viaje de Melvin, Simon y Carol? ¿O por qué no “el mejor cumplido del mundo”, o cada encuentro de Melvin y Carol en el restaurante donde ella trabaja? Mejor… imposible es una celebración de lo simple. Es la prueba de que una buena historia bien contada es todo lo que hace falta en el cine para disfrutar. Sin grandes explosiones ni vistosos efectos visuales, sin un casting multitudinario ni lugares comunes que funcionaron ya en otros films.
Y para mostrar lo que James L. Brooks sabe hacer, recordaremos éste momento del film. Después de que Simon (Greg Kinnear) es internado, Frank (Cuba Gooding Jr) obliga a Melvin (Jack Nicholson) a que le cuide el perro mientras él esté en el hospital. El neurótico Melvin no quiere hacerlo, pero el paso de los días termina haciendo que él y el perro, Verdell, se encariñen: van al restaurante de Carol (Helen Hunt) juntos, Verdell lo escucha tocar el piano, y comienza a comer tocino que le da Melvin. Así es que, después de días, a Melvin le es comunicado que ya no tendrá que cuidar más a Verdell, ya que Simon lo pasará a buscar al día siguiente. Y veremos cómo el apático Melvin, repentinamente, sufre por un “simple” perro. Y cómo Verdell también extraña al imposible de querer Melvin.
Mejor… imposible fue nominada a siete premios Óscar en 1997 –el año en que Titanic hizo historia al ganar once de sus catorce nominaciones–, y se perfiló durante la previa a la ceremonia como el film que, si el de James Cameron no ganaba, se alzaría con la estatuilla. De sus siete ternas, ganó solamente dos: mejor actor (Jack Nicholson) y mejor actriz (Helen Hunt). Sus otras nominaciones fueron en los rubros mejor película, mejor banda sonora, mejor montaje, mejor actor de reparto (Greg Kinnear), y mejor guión original.
Por Victor Albornoz
@ravensburgerboy

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