Pocos días atrás hablábamos de la simplicidad de Mejor… imposible, y cómo sus argumentos habían tenido que pelear mano a mano contra Titanic en la entrega de los premios Óscar a lo mejor de 1997. Algo similar ocurre con la pequeña grandeza de Belleza americana, el film de Sam Mendes sobre las vetas más agridulces y escondidas del sueño (norte)americano. Sin una escena particularmente destacable, la película completa ofrece, una tras otra, secuencias brillantes sobre problemas y situaciones sencillas, cotidianas y posibles, retratadas con una honestidad a veces amarga, y a veces mordaz. En la simplicidad está su contundencia y su excelencia.
Belleza americana es una película sobre gente que podrías encontrar al abrir las puertas de tu casa y salir a la vereda. Es la historia de personas comunes y corrientes, cuyas frustraciones y deseos los van llevando por caminos que nos parecen lejanos, pero que en el fondo sabemos que no son rotundamente imposibles de transitar.
Las criaturas que habitan el universo de belleza americana van constantemente buscando la belleza y la felicidad, y al encontrarla, se acercan más y más a un cierto camino de oscuridad. Encuentran la belleza en lugares inoportunos, complicados. Asi, en belleza americana hay infidelidades, hay homosexualidad reprimida, hay deseos prohibidos, y hay crímenes que surgen porque parecen la única salida de escape. Hay un padre que se siente atraído por la amiga de su hija. Hay otro que golpea a su hijo. Hay un hombre que renuncia a su trabajo, porque es infeliz, y porque prefiere vender hamburguesas en una casa de comidas rápidas. Hay una mujer más preocupada por el living que por la pasión, y por su amante más que por los problemas que pudiera tener su hija.
Y hay otro personaje que busca la belleza para registrarla. A la manera de Daniela en Buenos Aires viceversa, Ricky Fitt vive con su filmadora en la mano, a la espera de momentos que merezcan la pena ser captados, y tiene la habitación completamente llena de videos bellos. Entre ellos, se destaca el de la bolsa de plástico que sobrevuela en el aire, y que él comparte con Jane en una de las escenas de Belleza americana. El grado de intimidad que ese “compartir” genera entre ellos se respira en el clima de la secuencia, y es lo que vuelve ese momento un gran instante cinematográfico.
Belleza americana fue nominada a mejor película, mejor director (Sam Mendes), mejor actor (Kevin Spacey), mejor actriz (Annette Bening), mejor guión original, mejor banda sonora, mejor fotografía y mejor montaje. De sus ocho nominaciones, ganó cinco. Mejor película, mejor director (Sam Mendes), mejor actor (Kevin Spacey), mejor guión y mejor fotografía.
Por Víctor Albornoz
@ravensburgerboy

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