En Magnolia llueven ranas. No estamos siendo metafóricos, no. Llueven ranas, literalmente, en una película que poco tenía de cine fantástico. Y esa irrupción, esa cachetada de irrealidad que da a un film que manejaba una línea de cosas “posibles”, es la que vuelve la escena tan excelente, y crean uno de los mejores momentos que el cine tuvo en las últimas décadas.
La escena de las ranas dura tres minutos de una película de tres horas, pero seguro es la que termina saliendo a discusión cuando dos personas hablan de Magnolia.
“¿Por qué llueven ranas en Magnolia?”, es la pregunta que siempre termina girando alrededor de éste film.
Puede que las ranas sean una plaga, sí. Porque el mundo que la película presenta es uno que bien podría merecer un castigo. Hay personajes infieles. Hay un padre que dejó a su esposa cuando ella tenía cáncer. Hay una mujer que se casó para heredar. Hay otro papá que no sabe si violó a su hija de chica. Hay eutanasia, y un joven prodigio que es utilizado por los adultos para crear fortuna, y así, y así… Por lo que sí, quizás las ranas sean un castigo. Pero quizás no. Porque Magnolia avisa de entrada que hay cosas extrañas que simplemente pasan, por más que el narrador voz en off se niegue a creerlo.
Llueven ranas, sí, y eso escapa a los pronósticos que durante la película se repiten constantemente, a modo de separadores entre algunas secuencias. Es una lluvia imprevista, y que no solamente no lava lo horrible del mundo sobre el cual cae, sino que ensucia más, empantana las calles de ranas, y producen algunas consecuencias sobre los personajes que vimos durante las dos horas y media anteriores. Ayudan o no a un intento de suicidio. Sirven de marco de fondo de una despedida cargada de viejos rencores. Producen un accidente de tránsito, definiendo el futuro de un personaje. Y une a personas que, sin las ranas, quizás tendrían otro destino.
Es la lluvia más hermosa del cine. Por la composición de sus planos, por el ruido con el que caen las ranas, por cómo afecta la lluvia al momento de la trama y de los personajes, y porque incluso generan una suerte de alivio y agridulce sonrisa entre tanto espeso drama humano que Magnolia respira en sus 180 minutos.
El apabullante film de Paul T Anderson es de mis diez favoritos (sino el puesto número 1), por su intensidad, por sus planos secuencia, por cómo se enlazan las escenas con las escenas con música que terminan haciendo sentir que todo el film es un gran clip sobre el género humano, sus dramas y sus miserias, y sobre cómo los padres -según el director, al menos- son la raíz de todos esos dramas y miserias.
Por Victor Albornoz
@ravensburgerboy

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