En otras manos, Los Pájaros hubiera sido un film terrible. Una ciudad atacada por pájaros hubiera sido tan absurdo como la propuesta de M. Night Shyamalan del apocalipsis ejecutado por plantas en El Fin de los Tiempos. La diferencia entre el resultado de un film y del otro es la mano creadora. Mientras Shyamalan debió haber dejado de dirigir en su segunda película antes de pasar papelones, Hitchcock, largometraje a largometraje, se fue haciendo cada vez más profundo. Y al llegar a Los Pájaros tenía ya la experiencia suficiente para saber utilizar los recursos del cine y crear un relato opresivo. Por eso desestimó utilizar música en su film, y valerse solamente del ruido de los pájaros como “soundtrack”.
Pero yendo de lo más general a lo más particular, vayamos a la genial escena que nos ocupa hoy, y arranquemos diciendo que, en ella, Alfred Hitchcock demuestra que sabe poner los pelos de punta con tan solo utilizar los recursos del cine.
Tenemos a Tippi Hedren encarnando a Melanie, quien llega a Bodega Bay en un juego de seducción con Mitch. Y ante el panorama de ataque de aves que se presenta en el pueblo, Melanie termina yendo a buscar a la hermanita de Mitch al colegio. Puesto que llega temprano, decide esperar la salida de la niña afuera, fumando un cigarrillo. Se sienta en una banca, y detrás de ella hay juegos de plaza. Y allí es que el bueno de Hitchcock se empieza a lucir.
De fondo de la escena se oye la canción que los niños están cantando en la escuela, y que en su loop infinito termina generando una atmósfera de pánico similar al que genera la música de calesitas en un film de terror. Hitchcock se ocupa que suene durante toda la escena en la que Melanie saca su cigarrillo, lo enciende y lo fuma, mientras, a sus espaldas, un pájaro se instala sobre los juegos. Y luego otro pájaro. Y luego otro. Y Melanie no ve cómo la llegada de más y más pájaros, gradualmente, mientras la canción sigue sonando, es el anuncio de un nuevo ataque de las aves. El espectador las ve, y sabe lo que ocurrirá, pero Melanie no: y ahí está ese suspenso que Hitchcock sabe manejar tan bien y que la ha valido el mote de “maestro del suspense”. La escena se va cargando de una tensión que se siente de olla a presión… y para cuando Melanie voltea y ve a los pájaros, las aves ya están en una cantidad que hacen imposible huir corriendo, a menos que se quiera represalias…
Por Victor Albornoz
@ravensburgerboy

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