Pasaron días desde que falleció Carrie Fisher. Y vanamente, en repetidas ocasiones, traté de escribir unas palabras sobre ella. No desde el lado informativo, lo cual sería muy fácil. Bastaría con titular: “falleció Carrie Fisher, actriz mundialmente conocida por interpretar a la Princesa Leia en Star Wars”. Pero lo que no es fácil es escribir desde lo personal, desde lo que su personaje significó a éste humilde servidor.
Es más complicado decir que murió la actriz que compuso al personaje femenino más interesante que el cine me ha presentado. Esa princesa que, en los años ochenta, y mucho antes de que consignas feministas o #NiUnaMenos se pusieran definitivamente arriba de la escena, ya hacía valer su rol de mujer, y era mucho más digna que tanto personaje masculino que habitaba el cine de esos días. Esa princesa sin la cual Star Wars nunca hubiera sido Star Wars, sino una película más del montón, otro film sobre héroes en el espacio que peleaban disparando armas y usando sables.
La Princesa Leia era una mujer que iba al frente, que desafiaba al Imperio al robar los planos de la Estrella de la Muerte, poniendo en riesgo su propia vida a cambio de un bienestar mayor. Estaba lejos de ser el modelo de princesa que Disney (la empresa que –curiosamente- terminaría comprando la saga) había impuesto. Leia no se quedaba hechizada, esperando un beso que la despierte, ni tampoco su misión y su esencia giraban alrededor de un hombre o un amor. No. Ni siquiera se quedaba esperando a que otros vinieran a rescatarla, o que libraran por ella las luchas cuerpo a cuerpo que eran necesarias. Leía era independiente, y se ponía a sí misma a servicio del combate, sin problemas de estar en la primera línea. No soñaba con estar casada y tener hijos, sino que le preocupaban cosas mayores, mucho más trascendentes. Como el senador Palpatine le dice una vez: llevaba dentro suyo el fuego de su padre. Y ese fuego, utilizado para el bienestar, es parte de lo que termina derrocando a Darth Vader y al Imperio.
Sin superpoderes como los que tenían algunas predecesoras (Wonderwoman, Gatúbela, o tantas más), Leia era capaz de generar revoluciones imperiales. Difícil decirle adiós a una mujer así. Porque de la misma manera que Star Wars no hubiera sido Star Wars sin Leia, Leia no podría haber sido Leia sin Carrie Fisher. Su rostro, su cuerpo, su dulzura al hablar, su firmeza al desafiar al Imperio y a su padre, su forma de mirar a Han Solo a veces odiándolo en simultaneo que lo amaba, fueron el puntapié inicial para que después de ella pudieran venir tantas heroínas igualmente interesantes –desde Daenerys Targaryen hasta Katniss Everdeen.
Difícil decirle adiós a la actriz que fue el símbolo de una generación.
Difícil poner en palabras lo enorme que fue su vida, y su legado…
Por eso nacimos como blog de cine.
Porque Carrie Fisher lo es, lo inspiró, y lo definió.
Por Víctor Albornoz
@ravensburgerboy

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